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La Coctelera

diskrepar

Categoría: realidad carcelaria

29 Junio 2006

SIDA carcelario: Sexo entre rejas

Chile posee la tasa per cápita más alta de presos en América Latina: 238 por cada cien mil habitantes. Las cárceles chilenas pueden albergar 22 mil internos, pero la cifra sobrepasa los 38 mil. Eso explica las pésimas condiciones de higiene y alimentación que soportan cotidianamente todos aquellos que s encuentran privados de libertad. Que hace cuestionarnos, ¿cuanto tiempo puede un ser humano soportar estas condiciones tan poco dignas?

Un tema muy poco dado a conocer a la opinión pública respecto a la situación carcelaria es la existencia de 412 reos enfermos de sida, incluyendo 28 mujeres. El 70 %de los presos con VIH está en Santiago. Tres internas infectadas se embarazaron en prisión. ¿Qué se ha hecho para prevenir esta situación o evitar la propagación del VIH?..
La estigmatización de los reos, las prácticas sexuales entre ellos y la nula entrega de preservativos o de medios de prevención de la enfermedad son la base para que ocurran más abusos. A esto se une la vulnerabilidad social de la población penal.

El problema en la cárcel no es la sexualidad propiamente tal, sino la nula información sobre el Sida y las dificultades que tienen los reos de tener sexo con sus parejas, situación que los obliga a sodomizar reiteradamente a los "caballos", replicando de este modo el Sida. Por otra parte el uso de drogas al interior de los centros penitenciarios mediante el uso de jeringas intravenosas, el problema se agrava aún más. En estas condiciones, "el interno, no solo pierde su libertad, sino se encuentra condenado a perder la vida”
La legalidad penitenciaria prohíbe su expresión natural, generando la expresión de un instinto incontenible. Así, como a los internos no se les conoce el derecho a tener sexo con sus mujeres, se ha creado un sistema de satisfacción sexual heterosexual oculto (aunque Gendarmería lo sabe y lo tolera), y un sistema de satisfacción sexual alternativo frecuente y cotidiano, donde cumplen un rol central los "caballos"
las autoridades penitenciarias niegan la existencia de sexualidad entre los internos al interior de los penales, e incluso hace pocos años se reconoce el consumo de drogas al interior de la cárcel, como estas practicas (entre otras) se consideran prohibidas y atentan contra el reglamento establecido por gendarmería lo que sucede es que se obstruye la posibilidad de que el interno pueda consultar y comentar sobre situaciones de riesgo a las que se ven expuestos, por el temor a ser sancionado lo que pueda afectar el trámite de su causa y su situación al interior del penal y así como en el acceso a servicios educativos, laborales, visitas, entre otros.

Las personas privadas de libertad que todavía no están viviendo con sida son particularmente vulnerables a contraer el virus del SIDA, ya que por lo general se les tiende a negar los medios de protección como los preservativos. ¿Por qué? Aunque parezca extraño, si tiende a negar la existencia de actividad sexual al interior de los recintos.
Esto, quizás, podría agravarse con las visitas conyugales que están permitidas en nuestro país y que podrían incrementar aún más la infección tanto para el interno como para su pareja, por la falta de precauciones adecuadas Sabemos que en estos recintos no se entregan condones, pese a que la campaña nacional contra el VIH se centra en esta materia y que el 90% de los contagiados entre rejas tiene entre 18 y 45 años, son sexualmente activos y muchos de ellos volverán a las calles”.

Se podría decir que gran parte de la estructura del sistema carcelario tiende la destrucción (sobre todo psicológico, y a menudo físico), el sida podría pasara convertirse o mas bien ya esta pasando a convertirse en un síntoma más dentro del sistema y su funcionamiento. En las cárceles, las jeringas son un bien preciado y escaso; se comercia con ellas una vez usadas, se emplean una y otra vez ante los funcionarios de los centros penitenciarios, que apegándose su propio reglamento manifiestan que en la cárcel esta prohibido el consumo de drogas, viendo que día día se consume. Lo mismo ocurre con los preservativos, por leyes o reglamentos los internos en las cárceles no tienen relaciones sexuales entre ellos, por ende repartir preservativos podría promover la sexualidad al interior de los penales o reconocer que si existe su practica, transgrediendo sus propias reglamentaciones. . Es entonces que se genera una dicotomía entre el "deber ser" y la realidad que padecen quienes se encuentran privados de libertad.

Finalmente agregar ke las leyes crean sus propios sujetos aislados, determinan implícitamente a kien aislaran , las leyes que prohíben las drogas crean a los drogadictos, las que discriminan a los extranjeros “ke llegan clandestinamente” crean el racismo etc...
/ escrito :DiskЯepar

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4 Junio 2006

CARTA DE UN PRESO A UN JUEZ

CARTA DE UN PRESO A UN JUEZ

Al Tribunal de Córdoba
“No deseo justificar mi actuación ante la sala que me va a juzgar; no me importa en absoluto su opinión o decisión, no quiero ninguna clase de trato de mis enemigos ni quiero justificarme ante la opinión pública. La misma que mira y permite la diaria miseria y eliminación de miles de personas, y que se indigna por la muerte de dos policías, que cuando se trata de nosotros que disparamos piensa que somos asesinos y cuando es la Policía quien mata “se hace justicia”.
En la sangrienta guerra que impone el capital miles de individuos caen bajo las balas de las Fuerzas de Seguridad del Estado, cada día, víctimas de las diferencias sociales y de la estrategia de la “Economía de mercado”. Para mantener la seguridad de los ricos, ese ejércitos de mercenarios son reclutados, entrenados y puestos estratégicamente en la calle para vigilar, seguir y si es necesario eliminar a quien no obedece las reglas que ellos imponen. Siempre que se manifiesta una guerra los bancos, los grupos bursátiles, las multinacionales del armamento, los estados y sus intereses están listos para invertir dinero en esos sucios negocios. Viven y proliferan para el beneficio de unos pocos, a costa de la miseria y la muerte de muchos seres humanos. Atacar a ese grupo social para robarle algo de su inmenso tesoro es el punto más digno de lucha de cada proletario, es mucho mejor seguir ese camino lleno de peligros (prisión, muerte) que llevar una vida de rodillas frente a los poderosos por un humillante salario.
Desde siempre he sido un proletario, un marginado, una rebelde, un anárquico, enemigo de éste y de cualquier sistema, para mí la rebeldía contra la opresión es sencillamente una cuestión de estática, de equilibrio: entre un hombre y otro hombre perfectamente iguales, los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. No puede haber diferencias sociales; si las hay, mientras unos abusan y tiranizan, los otros protestan y odian. La rebeldía es una tendencia niveladora y por tanto racional, natural. Los oprimidos, los expoliados, los explotados, han de ser rebeldes porque han de recordar sus derechos hasta lograr su completa y perfecta participación en el patrimonio universal (en palabras de F. Ferrer i Guardia).
Este sistema percibe al rebelde como físicamente amenazador e ideológicamente perturbador, debido a los “abusos y engaños” que se dice que comete y al mal ejemplo de asocialidad que podría dar. Su existencia es disidencia a los ojos de un Estado que quiere ser fuerte y hegemónico y que por tanto debe actuar con severidad eliminándole o rechazándole.
Este tipo de sanción resulta hoy en día cada vez más aplicada con constante vigilancia en la calle o bien con sistemas penitenciarios cada vez más parecidos a campos de exterminio, intentando de esta manera destruir al individuo mental y físicamente.
Aquel 18 de diciembre de 1996 (dos policías muertos), en mi huída defendía mi propia vida y libertad. Sabía de sobra que el enemigo no tenía escrúpulos, y lo demostró disparándonos primero a la salida del banco y luego tendiéndonos una emboscada que habría sido mortal si no fuera por el hecho de llevar chalecos antibalas (resultamos heridos). Mi decisión fue sencilla: mi vida o la de ellos. Y que quede claro de una vez: nosotros allí fuimos para llevarnos el dinero sin intención de matar a nadie.
Soy amente de la libertad y sólo puedo brindar mi respeto y mi solidaridad hacia los que como yo tienen el valor y la dignidad de defender su propia vida con uñas y dientes. Como enemigo de la explotación y de la miseria no siento ningún sentimiento de compasión hacia quienes en nombre del privilegio torturan, encarcelen y asesinan.
No tengo miedo a las duras condenas; los anárquicos, la cárcel la tenemos genéticamente en la sangre. Ni miedo a la muerte, este sentimiento hace tiempo que lo he perdido. Ni miedo a los tribunales divinos, porque no creo en ningún dios; frente a los tribunales terrenales nunca me he puesto de rodillas, sólo me interesa el juicio de los míos, o sea, los compañeros que luchan por un mundo nuevo.
Esta es una guerra, una guerra social y cada parte llora a sus caídos; nosotros hace muchos siglos que lloramos a los nuestros.”

Claudio Lavazza, preso anarquista en Jaen II

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