SIDA carcelario: Sexo entre rejas
Chile posee la tasa per cápita más alta de presos en América Latina: 238 por cada cien mil habitantes. Las cárceles chilenas pueden albergar 22 mil internos, pero la cifra sobrepasa los 38 mil. Eso explica las pésimas condiciones de higiene y alimentación que soportan cotidianamente todos aquellos que s encuentran privados de libertad. Que hace cuestionarnos, ¿cuanto tiempo puede un ser humano soportar estas condiciones tan poco dignas?
Un tema muy poco dado a conocer a la opinión pública respecto a la situación carcelaria es la existencia de 412 reos enfermos de sida, incluyendo 28 mujeres. El 70 %de los presos con VIH está en Santiago. Tres internas infectadas se embarazaron en prisión. ¿Qué se ha hecho para prevenir esta situación o evitar la propagación del VIH?..
La estigmatización de los reos, las prácticas sexuales entre ellos y la nula entrega de preservativos o de medios de prevención de la enfermedad son la base para que ocurran más abusos. A esto se une la vulnerabilidad social de la población penal.
El problema en la cárcel no es la sexualidad propiamente tal, sino la nula información sobre el Sida y las dificultades que tienen los reos de tener sexo con sus parejas, situación que los obliga a sodomizar reiteradamente a los "caballos", replicando de este modo el Sida. Por otra parte el uso de drogas al interior de los centros penitenciarios mediante el uso de jeringas intravenosas, el problema se agrava aún más. En estas condiciones, "el interno, no solo pierde su libertad, sino se encuentra condenado a perder la vida”
La legalidad penitenciaria prohíbe su expresión natural, generando la expresión de un instinto incontenible. Así, como a los internos no se les conoce el derecho a tener sexo con sus mujeres, se ha creado un sistema de satisfacción sexual heterosexual oculto (aunque Gendarmería lo sabe y lo tolera), y un sistema de satisfacción sexual alternativo frecuente y cotidiano, donde cumplen un rol central los "caballos"
las autoridades penitenciarias niegan la existencia de sexualidad entre los internos al interior de los penales, e incluso hace pocos años se reconoce el consumo de drogas al interior de la cárcel, como estas practicas (entre otras) se consideran prohibidas y atentan contra el reglamento establecido por gendarmería lo que sucede es que se obstruye la posibilidad de que el interno pueda consultar y comentar sobre situaciones de riesgo a las que se ven expuestos, por el temor a ser sancionado lo que pueda afectar el trámite de su causa y su situación al interior del penal y así como en el acceso a servicios educativos, laborales, visitas, entre otros.
Las personas privadas de libertad que todavía no están viviendo con sida son particularmente vulnerables a contraer el virus del SIDA, ya que por lo general se les tiende a negar los medios de protección como los preservativos. ¿Por qué? Aunque parezca extraño, si tiende a negar la existencia de actividad sexual al interior de los recintos.
Esto, quizás, podría agravarse con las visitas conyugales que están permitidas en nuestro país y que podrían incrementar aún más la infección tanto para el interno como para su pareja, por la falta de precauciones adecuadas Sabemos que en estos recintos no se entregan condones, pese a que la campaña nacional contra el VIH se centra en esta materia y que el 90% de los contagiados entre rejas tiene entre 18 y 45 años, son sexualmente activos y muchos de ellos volverán a las calles”.
Se podría decir que gran parte de la estructura del sistema carcelario tiende la destrucción (sobre todo psicológico, y a menudo físico), el sida podría pasara convertirse o mas bien ya esta pasando a convertirse en un síntoma más dentro del sistema y su funcionamiento. En las cárceles, las jeringas son un bien preciado y escaso; se comercia con ellas una vez usadas, se emplean una y otra vez ante los funcionarios de los centros penitenciarios, que apegándose su propio reglamento manifiestan que en la cárcel esta prohibido el consumo de drogas, viendo que día día se consume. Lo mismo ocurre con los preservativos, por leyes o reglamentos los internos en las cárceles no tienen relaciones sexuales entre ellos, por ende repartir preservativos podría promover la sexualidad al interior de los penales o reconocer que si existe su practica, transgrediendo sus propias reglamentaciones. . Es entonces que se genera una dicotomía entre el "deber ser" y la realidad que padecen quienes se encuentran privados de libertad.
Finalmente agregar ke las leyes crean sus propios sujetos aislados, determinan implícitamente a kien aislaran , las leyes que prohíben las drogas crean a los drogadictos, las que discriminan a los extranjeros “ke llegan clandestinamente” crean el racismo etc...
/ escrito :DiskЯepar
